La psicología de la infertilidad y su relación con las TRHA(Técnicas de Reproducción Humana Asistida ) también es reciente. Karl Menninger en 1943 hablaba de la infertilidad como un “conflicto psíquico navegando bajo bandera ginecológica”. Inicialmente se concebían los aspectos psicosociales desde un modelo psicogénico y luego, al igual que el avance de lo psicología per se, se comenzó a estudiar y comprender desde un modelo de secuelas psicológicas hasta llegar a estudios e investigaciones que permitieron arribar a tratamientos basados en la evidencia, que son los que se utilizan actualmente.

Aspectos psicosociales

Impacto en las emociones
Cuando una pareja llega a la consulta con un especialista en infertilidad, lo hace con cierto grado de frustración, pues han pasado varios meses de intentar y no lograr el embarazo.

El deseo de ser padres suele ser intenso, aunque no siempre de igual manera en ambos miembros de la pareja. Sin embargo se encuentran allí, sentados, esperando obtener rápidamente la información que disipe sus dudas y los lleve como un trampolín al embarazo.

Lamentablemente el camino no es sencillo. Frente al diagnóstico, los pacientes entran en un estado de shock, donde se produce un desequilibrio que implica una crisis a nivel emocional. Las parejas se ven expuestas, ya que su deseo de ser padres se ve frustrado por causas biológicas. Esta crisis trae consigo una serie de emociones y sentimientos:

  • Temor a no lograr la paternidad, a no recuperar el control sobre el propio cuerpo.
  • Culpa y sensación de responsabilidad muy fuerte hacia el otro miembro de la pareja y familiares por no poder darles el hijo tan esperado.
  • Vergüenza por percibirse distintos y sentirse “fallados”.
  • Enojo y envidia en cuanto a la identificación con los demás.
  • Incertidumbre y dudas por la ausencia de información certera y garantías acerca de cuándo concretarán su sueño de ser padres.
  • Soledad, estas parejas generalmente perciben que “solo ellos saben qué se siente” ante la situación que viven frente a la problemática.
  • La infertilidad “desempondera”, los pacientes pierden la autoconfianza y ello repercute en su autoestima.
  • Con el correr de los años el factor “tabú” ha ido disminuyendo y como sociedad hemos evolucionado, aceptando y entendiendo qué es la infertilidad y cómo puede ser tratada. Sin embargo, la herida narcisista existe, vinculada a la femineidad y masculinidad, entendiendo la procreación y el estatuto de “madre” y “padre” como instancias necesarias y suficientes para legitimar sus géneros.

Ruptura de guión
Generalmente las personas que se encuentran frente a un diagnóstico de infertilidad, entre los 35 y los 45 años (a veces antes) imaginaban llegar a ese momento de su vida con una familia e hijos. Cuando ello no ocurre existe lo que los psicólogos cognitivos denominamos: ruptura de guión. Hasta ese momento, los esquemas cognitivos y el sistema de creencias eran funcionales al guión trazado con anterioridad, pero cuando lo que imaginamos no es luego lo que sucede aparece la sensación de insatisfacción, duelo y crisis en cuanto a lo planeado. Hay una confrontación de ideas y pensamientos, los cuales, generalmente suelen verse distorsionados por la frustración que provoca perder el control de lo que sucede.

EL DESEO DE SER PADRES SUELE SER INTENSO, AUNQUE NO SIEMPRE DE IGUAL MANERA EN AMBOS MIEMBROS DE LA PAREJA

Por este motivo muchas veces las parejas se vuelven muy rígidas y autodeterminantes en sus pensamientos y tienden a pensamientos del tipo: ya no vale la pena seguir intentando, a lo mejor es un castigo divino, si el destino nos enfrenta a ésto es porque no debemos ser padres.

Tratamiento psicológico
En primer lugar es perentorio comprender que las parejas que recurren a la entrevista psicológica lo hacen para encontrar apoyo y contención, pero no necesariamente poseen un patología determinada. Esto ya implica una modificación en cuanto al encuadre y contacto inicial con la o los pacientes. Cada diagnóstico y enfermedad que prepondera a la infertilidad tiene sus diferencias, sin embargo existen estudios que determinan que tanto la ansiedad, la depresión y el estrés por fertilidad son comunes a gran parte de los diagnósticos, afectando de manera particular el desarrollo y consecución de los tratamientos de reproducción humanamente asistida.

Es importante realizar una primer entrevista semi estructurada que permita recabar datos en términos de anamnesis, tanto de los aspectos psicológicos como de la red social. A su vez evaluar el estado actual de la ansiedad, diferenciando si la misma es producto de la situación actual (ansiedad estado) ó si ya es un patrón más permanente y previo al diagnóstico de infertilidad (ansiedad rasgo). Se sugiere confeccionar el genograma, el cual aportará datos acerca de los antecedentes familiares en relación a la infertilidad y también al sistema de creencias alrededor de la problemática. Lo mismo respecto de indicadores de depresión y/ó estrés y la influencia del ámbito laboral. No pueden dejar de valorarse los hábitos saludables (sueño, actividad física y alimentación), pues estos factores también poseen una incidencia en las bases a partir de las cuales se sostendrá el tratamiento reproductivo en sus diferentes fases.

En las entrevistas preliminares se trabaja fuertemente la psicoeducación e información acerca de los procedimientos y los tiempos acordes a cada parte del proceso del tratamiento reproductivo, que es fundamental para reducir la incertidumbre y prepararse psíquicamente para lo que vendrá.

Se pone especial énfasis en la red de apoyo social, tanto sea de amigos con los cuales compartir su experiencia, como familiares y/o conocidos que hayan atravesado algún proceso similar. Este aspecto colabora mucho en el transcurrir de los tratamientos y calibra la posible aparición de conflictos dentro de la pareja.

Luego de efectuado el diagnóstico inicial se determina si la pareja es destinada a recibir acompañamiento, asesoramiento y tratamiento o si se realizará un seguimiento más espaciado. En muchas ocasiones las parejas o pacientes que requieren un acompañamiento mayor son aquellas en las cuales aparece la ruptura de guión de manera crítica y en la que los pensamientos negativos y/o distorsionados tienen un papel principal en su forma de evaluar esta vivencia.

EL ACOMPAÑAMIENTO PROPORCIONA AYUDA PARA GESTIONAR LAS EMOCIONES E IR TRANSITANDO LAS ESPERAS, QUE SON MUCHAS, ASÍ COMO APRENDER A NAVEGAR EN LA AUSENCIA DE CERTEZAS Y LA POCA CAPACIDAD DE CONTROL

En el trabajo terapéutico se realiza una reestructuración de dichos pensamientos, como así también un reordenamiento en cuanto al malestar subjetivo, a fin de conseguir que puedan tolerar esta experiencia y generar recursos de afrontamiento que les permitan posicionarse de otra manera reajustando los valores, las ideas y las creencias al nuevo escenario personal en el que se encuentran.

El acompañamiento proporciona ayuda para gestionar las emociones e ir transitando las esperas, que son muchas, así como aprender a navegar en la ausencia de certezas y la poca capacidad de control. Muchas veces el desarrollo de grupos de reflexión y apoyo son un complemento muy bueno a las terapias individuales y de pareja, pues otorgan validación a la vivencia personal, ofrecen alivio y diluyen las “etiquetas” o posicionamientos del “Yo soy” por el “Yo tengo”, proporcionando una distancia necesaria con la patología que devuelve la identidad personal. Existen asociaciones civiles y organizaciones no gubernamentales que ofrecen servicios en cuanto a grupos de apoyo y asesoramiento para los pacientes y parejas padecientes: Abrazo por Dar Vida y Concebir, son dos de las más importantes, los cuales poseen gran trayectoria y experiencia en la temática.

Palabras finales
En la actualidad, en Argentina, la reproducción asistida posee un papel preponderante y privilegiado; leyes que avalan, acompañan y aseguran derechos de gratuidad, profesionales especializados y capaces de dar respuesta a las demandas de miles de parejas en la búsqueda de un hijo. Demandas que surgen desde que la primer idea de búsqueda irrumpe en sus pensamientos, atravesando el deseo y llegando a la desesperación. Durante todo este período estas parejas sufren, se frustran, se caen y se vuelven a levantar con una fuerza de voluntad y una entereza admirables. Quizás sea en dicho aspecto en donde radica el secreto: no bajar los brazos, ni claudicar.

 

Lic. Pamela Rossi
Licenciada en Psicología – M.P. Núm. 46.798
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